Es curioso que lo objetivo sea a veces tan subjetivo. Solo así ‘Red de Libertad’ parece ser tan indeseable. Solo algún crítico sabe mirar una película así, de manera tan emocional y convencernos de que su crítica es objetiva.

De hecho, cuanto más se sabe, se suele perder la inocencia del público, que es al final la que más cuenta. Inocencia, que no quiere decir ignorancia. Inocencia que hacer mirar a la esencia de las cosas y no a los detalles.

Contra gustos no hay nada escrito, gustos y colores hay muchos, pero lo bueno es simplemente bueno.

Un director es bueno cuando sabe elegir a su equipo. Cuando todos, técnicos y actores, buscan dar lo mejor de sí mismos, con las condiciones adversas de presupuestos, cuando respeta la opinión de todos.

Y eso ha pasado en ‘Red de Libertad’, basta hacer un poco de reflexión antes de escribir críticas duras, sacadas de un alma encogida para ir a la página web de ‘Red de Libertad’ y ver los comentarios de actores y del equipo durante la película para saber que el director tenía razón y lo motivados que estaban los que trabajaban en el proyecto.

Una película es buena cuando hace emocionarse a muchos, cuando la mayoría siente y se emociona, también cuando se rueda y se trabaja de manera ética y profesional. Una película es buena cuando, además, habla tanto al hoy que sigue siendo confuso y separador para que un espectador de Barcelona llore pensando en su tierra.

Una buena película es cuando los espectadores, que son muuuy listos, son inducidos a la reflexión de su propio entorno y a compararse con lo que ha sido vivido el personaje protagonista, en este caso Helena Studler.

Qué puedo hacer yo cada día que ser valiente, que contribuya a un mundo mejor, es lo que induce a pensar a las personas que ven ‘Red de Libertad’.

Porque ‘Red de Libertad’ cuenta de manera fidedigna, con rigor histórico, más del 90% de los hechos reales que le ocurrieron a una mujer valiente. Y hace que nos peguntemos: ¿pero cómo es que no sabíamos esta historia?

Ese es el momento donde impacta porque relata la vida de una mujer que no quiso ser heroína, pero que lo fue sin ruido, sin publicidad, sin propaganda.

Y eso es lo que se exalta, el heroísmo de esta mujer que, cristiana o no, salvó a 2000 personas exponiendo su propia vida y la de muchos que decidieron estar juntos en esta ‘Red de Libertad’.

El que no supiéramos nada de esto hasta ahora es una de las pruebas que la obra de una congregación cristiana como las Hijas de la Caridad merece un respeto profundo.

Hay que aprender a distinguir la emoción -cualquiera que sea- y reflexionar. Porque si se piensa, si se siente, ser cristiano no es malo. La aspiración de ser mejor, objetivamente, nunca es malo.

Puede ser que el espíritu nacional-católico, si fuera una utilización permitida por algunos, pero hoy la iglesia, es muchas otras cosas. Si no sabemos distinguir una congregación de otra, si sólo tenemos oídos a personajes oscuros religiosos y por ignorancia, ponemos a todos los católicos y al espíritu o carisma que animó y anima a miles de mujeres a ser mujeres, en un mismo saco fascista, es cuando tenemos problemas de entendimiento y escollos emocionales, de resentimiento, de venganza y dureza, imposibles de ser comprendidos por la misma persona que lo siente.

Solo la madurez y los años aportan a uno la luz sobre lo que uno mismo siente, porque la repulsión hace cualquier cosa, debe ser estudiada y revisada por el que la siente, sobre todo antes de exponerla y más cuando te dedicas profesionalmente a comunicar lo que sientes, ves, oyes y reflexionas.

Convencer a alguien no era la intención de esta película. Sí lo era la propuesta de reflexión sobre una historia que debía ser contada. ‘Red de Libertad’ es una película elegante, no se ridiculiza a nadie, ni Helena intenta “convertir” a nadie, ni Pablo Moreno, su director, intenta hacer propaganda de nadie.

Lo sabe todo el equipo y los miles de espectadores que, hace años, sin ser católicos, inspiramos a Pablo para escribir historias.

nacheteLa opinión de Assumpta