8 de abril

Solo dos días de rodaje quedan. Y empezamos todos a robar horas a nuestros días libres para poder estar un ratito riendo y conociéndonos fuera del trabajo. Hasta las 5 de la mañana ayer. Cantando, bailando, con todos, pero especialmente ayer con Gema y Pablo y Chapu, compañeros infatigables, discretos, eficaces y divertidos!!!

Yo le robo horas al sueño, porque al estudio o a escribir este blog, se lo debo, no puedo no hacerlo. Ya descansaré. Así que con seis horas escasas de sueño, he vuelto a repasar mi texto y tranquila escribo este blog.

Y no es por sacrificio, sino por motivación. Ganas de hacerlo, de expresar lo que siento por los demás, porque empiezan a llegar personas de Ciudad Rodrigo que no conozco y me dicen que leen el diario… un diario “simple y claro” como lo definió un señor que hace de extra con el que he cruzado algunas miradas sabias en El Maíllo.

Así que me dan ganas de seguir con mi compromiso de comunicación, hasta el final de la película, quizás hasta el estreno, para comunicar algunas preguntas o reflexiones que surgen en rodaje, o fuera del rodaje, que ocupa ahora diez o doce horas diarias, o sea, mi entera vida desde hace un mes…

Hoy me espera comer con algunos actores que están aquí y con Pablo, el director. Vamos a ir dentro de una hora a Portugal, a comer Bacalhau à brás, ese tan bueno, cortadito fino con patatas paja y huevo. Y recordaré en silencio sensaciones de los ochenta, de mi primera película en coproducción con Francia, rodada en Lisboa: “Le cercle des passions”, con Max Von Sydow… Bacalhau, el plato preferido del actor Giuliano Gemma, mi amigo que nos dejó pero que está presente como mínimo, una vez a la semana, en mis pensamientos.

Giuliano era un actor con el que me unía una profunda amistad, más allá de la presencia física y de la necesidad de vernos, de estar juntos. Sabíamos que estábamos, el uno para el otro. Esa amistad de años en la que ya no juzgábamos las acciones del otro, sino que nos convertíamos en testigos uno del otro, yo de la maravillosa evolución de un hombre bueno por Navidad, como mínimo, una vez al año.

Es posible rescatar el dolor de la pérdida agitando recuerdos compartidos y te usé Giuliano, antes de ayer, en la preparación de un plano en el que la lucha por vencer lo imposible, me recordaba tu pérdida. Lo hice sabiendo que tú reivindicabas el mentol en los ojos para llorar y que odiabas todo lo que era sufrir y usar emociones personales, convencido estabas de que eran los espectadores los que tenían que emocionarse y no el actor.

Pero así, como un juego, y robándote, rescaté la belleza de esos momentos contigo, la amistad que ya no puedo compartir, intentando recordar cada pliegue de tu cara hermosa y noble, mezclándolo con el dolor instalado y olvidado de las múltiples heridas en mis vértebras y los cuadros de sufrimiento que preparó Pablo en las paredes y que también inmortalizan momentos de transición, de bondad, de sufrimiento.

Cuando me preparo para estas escenas, el equipo sabe que tienen que dejarme sola, en mi mundo y que no distraerme es vital para hacer bien mi trabajo. Al principio del rodaje, en una de estas primeras escenas donde tenía que estar llorando, pactamos antes con Gema (maquilladora), que si mentol o no… Yo le dije que no sabía cómo iba a reaccionar yo, y cuál iba a ser la concentración y la reacción del equipo en rodaje, y que ella preparara su técnica por si acaso.

El silencio y la oscuridad eran prácticamente totales, así que tampoco ayer hizo falta. Las lágrimas fluyeron solas, supongo que porque tengo tantas cosas bellas que contar… Y estoy contenta, pero sé que el equipo está a mi lado y su atención me protege de cualquier distracción.

Lo que no sabía era que esa belleza y tu pérdida que utilicé en esos momentos de preparación, Giuliano, me los robó el director filmándolos, porque Emilio, el cámara, avisó de lo que veía…

Y curiosamente, me gustó no haber controlado estos momentos robados y estoy contenta que con suerte, estarán ya para siempre, inmortalizados en una película buena, hecha con el corazón y con el alma.  Jugando todos, te usamos Giuliano, y quería darte este homenaje a ti cuando rescaté estos momentos antes de ayer y decirte que por fin, hay otra película de calidad humana, en la que te hubiera gustado estar.

 “Cuando tú apareces, se hace la luz”, me dijeron Giuliano y Scott, mi marido, que me quiere (que por cierto viene hoy y me acompaña hasta el final del rodaje). “Tu presencia llena el espacio”,  me dijo algún cámara hace ya tiempo, y me dicen también personas que no conozco después de ver mi trabajo en las películas. Y me gusta, es como un pequeño vicio, pecadito de orgullo, el oírlo. “Tienes carisma”, me dijo también Sor XX, una monja de las de verdad que asistió también al rodaje de ayer. Y como leí su curiosidad en sus ojos, tenía ganas de contárselo de donde venía, o creo que llega esa luz que dicen… Y como sé que ella lee y comenta, ahí va:

¿Qué es presencia? Presencia y carisma, son lo mismo. Digo como Sor Helena en Red de Libertad: Carisma es la inspiración que me impulsa, la fuerza para cualquier acción.

Y dice Assumpta en la vida y a sus alumnos: Presencia es luz interna… Es saber recibir dando, es aceptar la atención de la cámara, es escuchar las palabras del otro y elegir mezclarlas con tu vida. Saber estar en cámara es para mí haber decidido regalar lo mejor que eres. Como cuando decides enamorarte de una idea, de una persona o como Sor Helena, de la bondad de Dios.

Tener carisma, en cine, es estar presente, siempre curioso por lo que dice el otro, inspirado por la creación de otros, de un equipo, sabiendo abandonarte en el momento al querer: querer decir, querer pensar, querer comunicar al espectador lo que has elegido, disfrutando y jugando.

Porque actuar, jugar, amar y vivir, es lo mismo.

 

Contracorriente Producciones8 de abril